PROYECTO EDUCATIVO

EDUCAR en la etapa infantil, tal y como entendemos en WorkandLife, es hacer que las necesidades surgidas en el niño a partir de su desarrollo madurativo se transformen en acciones educativas.

Partimos de su desarrollo evolutivo, de sus necesidades fisiológicas, afectivo-emocionales y sociales y las trabajamos en el aula: desde la alimentación, higiene, o control de esfínteres hasta conceptos como la identidad, la autoestima, el movimiento, desarrollo del lenguaje, introducción en la lectoescritura, habilidades manipulativas o lógico-matemáticas.

Le damos mucha importancia al establecimiento de vínculos con los demás, con el entorno y la identificación y regulación progresiva de la expresión de sentimientos y emociones.

Concebimos el Proyecto Educativo como un proyecto integral de atención a la primera infancia, basado en tres premisas psicopedagógicas que nos permiten fundamentar y planificar la actividad en el aula, atendiendo también a las necesidades surgidas en las familias ante la nueva situación familiar-laboral:
  • Globalización: Los niños, para interiorizar lo que les rodea, utilizan un doble mecanismo: la realidad, es desmenuzada en todos sus componentes a la vez que esa misma realidad tal y como la percibe pasa a integrarse en un todo abstracto que le da sentido y la contiene. Esta concepción, nos lleva a programar en el aula unidades didácticas mensuales que se vinculan con Proyectos anuales. Por un lado plantean una idea, una abstracción que el niño va ir integrando poco a poco a lo largo del curso, y por otro, permiten ir caracterizando la realidad que le rodea y que se va presentando en el aula.
     
  • Individualización: El grupo está formado por individuos; cada niño tiene sus características y peculiaridades, su forma de relacionarse y de expresarse. Pertenece a un grupo pero necesita ser mirado y contemplado de forma individual, sentirse importante y único para el profesor; ser nombrado y no comparado. Para trasladar esta individualización al aula, se diseñan actividades en las que se respeta el nivel y la forma de participación del niño.
     
  • Participación Activa: El niño debe ser el auténtico protagonista de su aprendizaje, de su desarrollo. Se parte de la experiencia, no del conocimiento. Para que pueda interiorizar la experiencia, es fundamental que pueda manipular y experimentar con su propio cuerpo. El educador adopta un papel de acompañante y mediador, proporcionando una organización de espacios, materiales y tiempos que ayudan al niño a poner en marcha todos sus recursos para relacionarse y desenvolverse en el entorno.

Nuestro objetivo principal es conseguir que los niños afronten la vida con la mayor seguridad posible, adquieran un concepto claro y positivo de sí mismos, que sean capaces de tomar decisiones por sí solos y establezcan relaciones sociales sanas.

En definitiva, que sean emocionalmente competentes, y más, cuando estudios recientes demuestran que la competencia emocional está directa y proporcionalmente relacionada con la capacidad y disponibilidad para el aprendizaje.